Desde Timon estamos actualmente colaborando con una iniciativa nacional como es la Red de Seguimiento de Víboras Ibéricas, proyecto desarrollado por la Asociación Herpetológica Española y otros colectivos, y coordinado por el investigador experto Dr. Fernando Martínez Freiría. En esta red participan diversas asociaciones, investigadores y aficionados a la herpetología de España y Portugal con el objetivo de mejorar nuestro conocimiento sobre unas especies tan incomprendidas y amenazadas como son las tres víboras que habitan en la Península Ibérica: víbora hocicuda (Vipera latastei), víbora áspid (Vipera aspis) y víbora de Seoane (Vipera seoanei).
En nuestro caso, nos encontramos realizando el seguimiento de una interesante población de víbora hocicuda en el entorno privilegiado del Parc Natural del Penyagolosa, colaborando también con agentes medioambientales y la administración de este espacio protegido. Los socios encargados de este seguimiento realizamos visitas periódicas al hábitat durante las cuales identificamos a los ejemplares que encontremos, con objeto de conocer su morfología, sus áreas de campeo, los periodos de mayor actividad y celo, y estimar el tamaño de la población local. A largo plazo, este seguimiento permitirá detectar tendencias poblacionales, identificar amenazas, y en definitiva contribuir a mejorar nuestro conocimiento de la especie de cara a su conservación.
De momento, en dos años de seguimiento se han conseguido capturar 25 ejemplares diferentes de víbora en nuestra parcela de estudio, obtenido resultados interesantes. Hemos visto la sensibilidad de esta especie ante los periodos de sequía como el que se padeció en la primavera de 2024, cuando apenas pudimos observar ejemplares, lo que da muestra de su vulnerabilidad ante el Cambio Climático. En 2025, año más lluvioso, hemos observado una intensa actividad en otoño con machos muy activos y cópulas, evidencia de celo otoñal en el oriente ibérico, hecho que ya se sospechaba. Hemos comprobado que las víboras están activas a temperaturas bajas, entre 10-15 grados, y a primeras horas del día, y se desplazan muy poco fuera de sus refugios. Son pues serpientes muy tímidas y esquivas, por lo que, pese a su mala fama, la probabilidad de potenciales encuentros peligrosos con las personas es muy baja.